Ella estaba leyendo el diario de su papá y es que este viejo, astuto como un zorro, dejó su diario al alcance de su hija, con el título “mis pasiones prohibidas” y lo hacía porque desde que su esposa lo dejó y empezó a vivir solo con su hija, notó en ella deseos libidinosos ya que cuando él bebía cerveza llamaba a una prostituta a su propia casa y tenía sexo con ella en su cuarto y no tenía reparos en hacerla gritar, pese a que estaba durmiendo su hija al lado de su cuarto ya que sabía que ella no dormía, es más los observada muy discretamente y se masturbaba viéndolos. En su diario, este incestuoso alemán, escribía lo que hacía con su hermana y con su prima las veces que se encontraban. Ellos no hablaban mucho pero sí follaban como jóvenes. Estas historias hicieron que ella tuviera ganas de hacerlo con su papá y solo esperaba que fuera él quien diera el primer paso. Ese día llegó y cuando él se dio cuenta de que ella estaba en su cuarto leyendo el diario y tocándose, se acercó y le habló tranquilamente como para convencerla de que lo que hacía era normal y que él podría enseñarle más, si ella se lo permitía. Ella esperó con ansias ese momento y se dejó llevar, al final follaron juntos y lo disfrutó muchísimo. Recién ahí pudo sentir lo que verdaderamente era follar con amor y con placer.

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