Me llamo Laura y mi hija Ivy, actualmente ella no está casada con Alberto, pero por temas económicos han decidido vivir en mi casa. Ellos practican su sexualidad muy a menudo, en mi casa todo se escucha a través de las paredes, pero había cosas que no me quedaban claras del todo puesto que en ocasiones escuchaba quejarse de dolor a mi hija mientras ellos lo hacían, pensé que tal vez era parte de su intimidad. Cierta vez, por lo mañana, vi salir rumbo al trabajo a Alberto pero no vi salir a mi hija lo cual me pareció algo extraño, así que pasé a revisar y a llamar a la puerta de su habitación por su nombre y solo escuchaba sollozos y lamentos, nunca pensé que al ingresar vería una escena que al mismo tiempo de conmoverme me produciría tanta excitación. Encontré a mi hija amordazada y maniatada de pies y manos a su cama; soy una mujer adulta he visto muchas cosas sexualmente hablando pero nunca pensé que ver a mi hija desnuda en su cama me produciría una sensación incestuosa. Lo primero que hice fue sacar la mordaza que tenía y preguntarle qué había pasado. Entre lágrimas me contó que Alberto y ella practicaban sadomasoquismo, pero que aquella noche él se había excedido al extremo de maniatarla y dejarla atada, incluso hasta que el regresara del trabajo. Traté de consolarla pero volví a sentir ese deseo incestuoso y lésbico de sentir su cuerpo rozando el mío y me deje llevar, al poco rato estaba besando a mi hija con pasión y ella en su confusión dejándose llevar, quizá solo preguntándome: ¿Qué te pasa mamá? Y yo solo respondiendo con miradas y caricias. Me desnude y la desate pues aún seguía tendida en su cama. Ella comprendió el fuerte deseo sexual que sentí al verla de esa forma y se dejó llevar por mi autoridad de madre. Fuimos dos cuerpos en la cama que solo deseaban tener el clímax de una sesión lésbica. Hice mía a mi hija besando cada parte de su cuerpo, lamiendo su coño logré que ella alcanzara el orgasmo. Tanta fue mi sorpresa cuando fue ella quien deseaba tener el mando en la cama, logró masturbarme al mismo tiempo que me lo hacía haciéndome alcanzar el clímax y haciendo que por mi coño broten interminables cantidades de mí intimidad. Aquella experiencia quedó tan guardada entre nosotras como el secreto de saber de las actividades sadomasoquistas de su esposo. Al finalizar, tomé la decisión de dejar tal cual a mi hija para que al regresar su esposo tuviera la satisfacción de saber que tiene a una esposa fiel a sus prácticas.

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