Recuerdo con nostalgia aquellas fiestas que teníamos en la casa de mis tías, las incestuosas. Ellas eran las mejores tías de nuestra familia y mi hermano y yo siempre estábamos dispuestos a ir y hacer lo que fuera por hacerlas sentir bien. Sobre todo en el cumpleaños de cualquiera de ellas, las orgías que se daban eran, por decirlo de alguna forma, de putamadre. Fue ahí donde conocimos a una de sus sobrinas, por parte de su otra familia quien también participa del incesto con ellas. Aquellas fiestas terminaban en unas grandes orgías donde cada uno podía hacerlo con cualquier integrante. En esa oportunidad algo que me excitó mucho fue que cuando le metía la polla a una mujer que había acabado de conocer, la sobrina de mi tía, me la sacaba del culo que penetraba y me la mamaba, esa sensación era deliciosa. Esperamos con ansias otra fiesta así para poder gozar de los placeres que las zorras de nuestras tías nos ofrecen a nosotros y a sus invitados.

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