Cierta vez mientras me paseaba por la casa en mi tiempo de ocio, se me ocurrió ir y husmear dentro de la habitación de mi abuela. Lo único que pensaba encontrar era algo referente a cosas del pasado como por ejemplo, fotos y recuerdos de mi fallecido abuelo. Para ese momento mientras me encontraba hurgando sus pertenencias, me di con la sorpresa de que mi abuela tenía un arsenal de pollas y dilatadores anales. Pero qué podía hacer una mujer de sesenta y cinco años con todas estas cosas?. No había otra opción que enfrentarla. Así que esperé que regresara de la charla cotidiana que tenía con sus amigas, siempre por las tardes y, al verme en su cuarto quedó sorprendida de mi hallazgo. Pensé que me inventaría alguna historia o simplemente que me dijera que guardase el secreto, pero no! Mi abuela aun luego de haber sido descubierta, quería mostrarme cómo es que ella los usaba. La escena me pareció desagradable, pero a medida que escuchaba como me hablaba sobre como ella a su edad también lubrica su coño y se corre interminablemente con su juguetitos, sus palabras me pusieron cachondo. Así empecé ayudándola en su masturbación, mientras veía que a pesar de la edad que tiene, se manejaba unas tetas grandes y más ricas que las de mi novia. No me sentía tan bien como para follar al ver a mi abuela actuando así, pero fue inevitable rechazar su ofrecimiento para darme una buena mamada. Por muy sucio que parezca ahora si me follo a mi abuela y la pasamos más que bien aprendiendo de la experiencia a la hora de hacerlo con una mujer que se ha comido kilómetros de pollas.

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