Mi mujer había muerto hace 10 años y yo me había quedado prácticamente solo debido a que todos mis hijos ya tenían familia e hijos también. Pocas veces mis nietos me visitaban. Pero quienes acostumbraban a hacerlo sin avisarme eran Romina y Karla, mis dos nietas mayores. Ellas sabían perfectamente mi estado sexual, sabían que yo era un hombre mayor y adulto pero que me mantenía físicamente. Aquella mañana ellas me espiaban mientras yo me masturbaba, de repente interrumpieron y se mostraron deseosas de hacerme feliz íntimamente, como por arte de magia la tenía a ambas haciéndome el mejor pete de mi vida. Dos hermosas mujeres muy jóvenes y sobre todo que eran mis nietas estaba por follar conmigo y yo me sentía el hombre más deseado. Follé y disfrute mientras ellas me decían que lo aproveche. Use más de dos preservativos no quería dejarlas embarazadas aunque no sabía si mi lefa estaba aun buena. Luego de aquella tarde ellas y yo guardamos el recuerdo, nunca lo comentamos y tampoco no paso otra vez.

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