Mi madre era una mujer muy tierna y buena, recuerdo sus caricias sobre mi rostro y su manera dulce de hablarme, jamás me pegó y siempre me trató muy bien, cuando hacía travesuras me hablaba y me regañaba pero no me pegaba. Su partida dejó un gran vacío en mi vida, a los 15 años la muerte la separó de mi y me quedé huérfano. Mi abuela se hizo cargo de mi y empecé a vivir con mi ella y con mi tía. Yo era el único hombre de la casa y me acostumbré rápido porque me trataban tan bien como lo hizo mi madre. Pasaron los años hasta que un día mi tía me vio en mi cuarto masturbándome, no sabía qué hacer por la verguenza y ella no me dijo nada, al contrario se acercó y me dijo que me ayudaría, se bajó la falda y se empezó a tocar y cuando la vi así me masturbé más fuerte y se me vino. Con la mano llena de semen me quedé y ella se acercó y gota a gota se la tomó, me quedé helado y luego se fue. Desde ese momento hasta la actualidad tengo sexo con mi tía y ahora que ya soy todo un hombre gozamos mucho y jugamos a que ella es mi madre o que yo soy su hijo, aún no tiene hijos, pero jugamos así y la pasamos de maravilla.

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