Mi nombre es Jeffrey y ella es mi tía, una mujer con unas tetas grandes y hermosas y me van a perdonar todas aquellas personas que piensan que follarse a su tía es malo, pero la verdad que es todo lo contrario. Un día estaba en la casa de mi tío David, había ido a visitarlo para ayudarle a arreglar su terma, es que soy bueno reparando cosas eléctricas, pero cuando llegué no estaba y me quedé esperándole. Mi tía, su esposa sabía que yo estaba en la sala y me llamó para hacerle unos masajes, yo sabía que ese era un pretexto porque nadie llama a su sobrino, semidesnuda para darle masajes si su intención es inocente. No había por qué no hacerlo, ella era hermosa y mi tío no estaba, es más si en algún momento él se llegase a enterar, sé que no me diría nada porque tiene una jovencita como amante. Al final me dejé llevar por los bajos deseos que mi tía tenía para conmigo y terminamos haciéndolo. No me arrepiento, fue un día increible, sentir su piel, su olor y su perversión hicieron que la desee con locura y hasta el día de hoy tengamos sexo en su casa y a espaldas de mi tío.

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