Mi hermana no conseguía salirse de todos los problemas que tenía en el instituto y estaba por venirse uno de más envergadura. Ella era un total desastre por su comportamiento atrevido en clase y mi padre estaba dispuesto a parar con esto definitivamente. Sabia que uno de esos días él hablaría fuertemente con ella pero no pensé que encontraría a mi padre comiéndole el coño a mi hermana en vez de estar recalcando los valores que ella haba perdido. Ante tal escena me exalté mucho reclamando el acto incestuoso, mi padre no sabia dónde meter la cabeza e intentaba secar los jugos vaginales que aún tenia sobre el rostro. Muy a parte de todo mi enojo al ver a mi padre comiéndole el coño totalmente depilado y el rostro de mi hermana que sin vergüenza alguna me pedía sumarme al incesto frente a mi ojos, no tuve más opción pues estaba demasiado excitado. Aquella cerda que tomaba ambas pollas y con una destreza se las introducía en la boca era mi hermana la cual aun, a pesar de su fallas y errores la estimaba, pero tanto mi padre como yo estábamos disfrutando de meter nuestras pollas por su culo y coño, una doble penetración que la puta de mi hermana nunca en su vida olvidaría. La leche tibia y en abundancia coronaron aquella noche donde nadie se esperaba que la reprimenda de mi hermana acabase con nuestras leches cayendo por su boca y hasta sus pequeños pechos.

Comentarios cerrados.