Era abrumador el placer que recibía de parte de la hermana de mi madre, mi tía Sofía. Ella era una mujer muy bella con la que jamás pensé tener algo. Siempre la admiré, no sólo por su belleza sino por aquella actitud ganadora que había tenido luego de perder a su esposo en un trágico accidente. Sí, ella amó mucho a su esposo y aún hasta ahora lo hace, soy testigo de eso porque le acompaño al cementerio los días en los que su fallecido esposo cumple años. Lo que sí me llama la atención bastante es que cuando entramos a su cuarto a hacerlo, ella voltea el retrato que tiene de él y me dice que mejor así, que no le gusta que él mire. De todas formas es increíble hacerlo con mi tía porque me enseña mucho y me complace como ninguna jovencita lo ha hecho.

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