Me llamo Camila, y desde que cumplí 18 empecé a sentir deseos sexuales profundos por mi padre. Cuando ya tenía mayoría de edad, note que el sentimiento de atracción entre mi padre y yo era mutuo, sino que nos decíamos nada porque mi madre ya había notado estas miradas que nosotros cruzábamos en la mesa al sentarnos todos juntos. Mi cuerpo ya no era el de niña sino el de una mujer y mi padre había notado perfectamente esto cuando a veces lo abrazaba para saludarlo o despedirlo. Luego nosotros empezamos a tener nuestros primeros toques y roces sexuales cuando mi madre no se encontraba en casa o algunas veces salíamos a hoteles y nos inventábamos historias para que mi madre no sospeche. Hace unos meses mi padre puso un negocio de sauna y masaje spa, el lugar era fachada perfecta para poder vernos sin necesidad de inventar más historias, cada vez que me siento estresada o regreso del gimnasio voy al spa de mi padre y lo hacemos ahí mismo. De los dos hombres con los que hasta el momento me he acostado debo confesar que mi padre ha sido el mejor amante que he tenido. No me apena contar esta historia porque sé que como yo hay muchas mujeres y hombres que pasan por lo mismo.

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Padre e hija

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