Desde muy pequeño no me gustaba estar cerca de mis abuelos pues para mí era asqueroso estar a su lado, no pasaba lo mismo con mis abuelos maternos quienes eran muy amables y dulces, de tal manera no había vivido ni compartido muchas actividades con ellos, mucho menos con la pendeja de mi abuela. Esta era una verdadera cerda desde el primer día que pise su casa me di cuenta que la puta esta quería tener algo y la verdad no entendía como con ese cuerpo ella deseaba hacer algo. Pero para mi sorpresa como dice el refrán, el vino vale más por añejo, pues fue así, la cerda sabía muy bien cómo poner dura una polla y esa tarde mi pinga reventada dentro de mi pantalón de la sensualidad que irradiaba de la puta abuela. En aquel mueble donde ella estaba la hice gritar de placer, le metí la polla hasta el fondo de ese coño arrugado, ella gritaba así nieto dame duro en mi coño. Mi abuela tenía 60 años pero tenía el culo de una cuarentona, lástima que ella falleció hace un año pues yo follaba cada semana con ella luego de tomar el café por las tardes.

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