Durante toda mi juventud uno de mis prioridades, incluso a escondidas de mi matrimonio, era tener un vida sexual satisfecha llena de placeres mundanos y si de ello dependía pagar dinero trabajaría fuerte para poder gozar hasta mi vejez de estos privilegios. No quería que una sola mujer me diga “no”, si es que yo deseaba llevármela a la cama con dinero todo se arreglaría. Mi esposa y nunca nadie de los miembros de mi familia sabían sobre mis actividades de éste tipo, pero la única que me tenía con la mente perturbada era mi nieta. La pequeña Doris ya era toda un mujer cuando la volví a ver y fui muy sincero, no confiaba en nadie más en mi familia, realmente estaba loco para proponerle esto, pero al final lo hice, le dije que le dejaría toda mi fortuna si ella se quedaba a mi lado como mi mujer hasta mis últimos días. Ella es una joven desinteresada de valores, como las muchas que hay en la sociedad, aceptó y para eso debía dejar todo legalizado en papeles y la cité para concretar nuestro acuerdo. Esa fue la primera vez, fue así como ya desde hace un tiempo a la fecha me vengo follando a mi nieta, e incluso he sido su primer hombre que se la ha metido por atrás, por su bello y firme culo. Todo lo que hemos hecho sexualmente hasta la fecha ha valido cada centavo que yo ahorré producto del arduo trabajo de mi juventud.

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