Hace mucho tiempo coqueteaba con mi hijo, él ahora ya no era el niño de antes, ya era todo un hombre y yo necesitaba de uno que me mojara el coño, el cual no tenía actividad desde que me separé de mi esposo. Ya veníamos coqueteando, haciendo roces corporales y hasta viéndonos desnudos mientras nos bañábamos. Poco a poco fuimos conversando del tema y decidimos dar el siguiente paso, ambos teníamos ganas de follar y el más entusiasmado era mi hijo. Pero yo quería hacer algo especial, fui de compras al mercado y quise preparar una cena, pero esta tarde mi hijo no quería cena, quería follar con su madre. Me sentí toda húmeda, la polla de mi hijo era deliciosa, la saboreaba sin remordimiento pero me volví loca cuando sentí como me movía el interior de mi coño, nada podría ser mejor hasta que mi sobrino ingresó al cuarto y nos descubrió, en ese momento solo quería placer, le animé a sacarse la polla para darle una mamada y de pronto tenía dos pollas jóvenes removiendo mi culo y coño al mismo tiempo. Desde aquella tarde mi hijo y mi sobrino son mis amantes y yo soy la mujer que siempre tendré el coño y el culo abierto para ellos.

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