Maricarmen era la menor de mis tías y las más exuberante de las hermanas de mi padre, ella venia los fines de semana a cuidar de mi hermano menor y digamos que de mi también. Mis padres le habían pedido que les haga el favor de cuidarnos mientras ellos iban a revisar su negocio a la capital. Maricarmen estaba más que disponible en hacerles el favor sobre todo si eso involucraba acosarme sexualmente cada vez que podía. Era lo de todos los sábados tener que soportar sus acosos, pero ya estaba cansado de eso, era hora de actuar sin importarme el respeto que yo le tenía. Ya estaba decidido, así que le di con todo lo que tenía, sin importarme nada, si lo que quería era polla pues eso era lo que le iba a dar y si lo que quería conseguir era ponerme cachondo pues ya lo estaba y más que decidido a dejar muy abierto ese coño para finalmente correrme en ese par de tetas morenas. Así fue como empecé a tener relaciones sexuales con mi tía y todos los sábados siguientes eran para mi y para ella una alegría tremenda volver a vernos ya que esos días nos acostábamos y mientras yo calmaba sus ansias de sexo, ella me enseñaba el arte de follar con una madura como lo era mi amada tía viciosa.

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