Muchos me criticarán por esta historia que voy a contar pero quizá los que como yo que han experimentado el placer del incesto estarán más que fascinados. Mi esposa empezó con sus viajes de negocios de la nueva empresa a la cual ingreso hace unos 2 años, durante todo este tiempo nuestra vida sexual ha sido casi imperceptible, realmente cuando teníamos la oportunidad de estar en intimidad ya nos disfrutábamos y yo tenía que fingir y supongo que ella también. Mi hija había notado esto desde que todo empezó. Ella en aquella época era todavía una pequeña niña, sin embargo se acercaba y me decía con su dulce voz y sentándose sobre mis piernas que me quería mucho y que ella siempre me iba a amar. No les puedo mentir, desde aquellas veces en las cuales mi hija empezó a hacer esto ella estaba en todo el desarrollo corporal, sus senos ya iban empezando a tomar forma y su cuerpo se delineaba al de cualquier joven lista para poder empezar su vida sexual. Mi hija cada vez era más sugerente con su manera de tratarme mientras su madre no estaba. Prefería pasar los fines de semana a mi lado en vez de salir al cine o ir con la amigas de compras. Fue así como paso nuestra primera vez, ella me tomó algo apenado en el cuarto acostado, se me acercó y me dijo que no le gustaba verme así, y me preguntó, qué podía hacer ella para poder verme feliz, yo simplemente conteniendo mi ganas de hombre le dije que nada. Nunca pensé que mi hija me respondería de la siguiente manera pero ese fue el siguiente paso a esta relación incestuosa. Ella me dijo que ya era casi toda una mujer y ella también sentía cosas y estaba segura de creer que lo que yo necesitaba era una mujer en su cama. Me dejó sin palabras mientras sentía como su pequeña mano se deslizaba por debajo de mis pantalones tomándome la polla. Ella estaba, para mi sorpresa, con un vestido corto y sin nada de ropa interior. Todo esto me hizo reaccionar con el instinto animal que todos, seamos hombres o mujeres llevamos por dentro. Ahí mismo donde me follaba a mi esposa me dispuse de hacer mía a mi única hija ya hecha casi una mujer ahora. Tuve mucho cuidado de hacerle daño pero ella sabía que lo que yo quería, era someter a una mujer en la cama y mientras sus gemidos con dolor me hacían detenerme ella me gritaba: papá no pares, dámela más fuerte! Así es como ahora ya no paso más noches a solas ni mucho menos triste por pensar que mi matrimonio no funciona. Mi esposa prefirió el trabajo y ahora mi hija se ha encargado de llenar ese vacío.

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