Cuando regrese del ejercito en lo único en que pensaba antes de ver a mi familia era en ir y meterme al primer prostíbulo que hubiese en la ciudad y desfogar toda esta ansiedad que tenía de todo este tiempo de no haber estado con una mujer. Como siempre lo he dicho las cosas pasan por algo y lo que pasó con mi hermana no es que justifique mi actitud pero pienso que gran parte de la culpa fue de ella. Como conté, regrese a mi casa pero mis padres no estaban, solo mis dos hermanas, la menor de 9 años y Gabriela mi hermana de 18 años. Ella al verme se emocionó mucho me dio un abrazo y un beso en la boca. Nunca nos habíamos dado un beso, siempre he visto en las películas que las hijas dan besos a sus hermanos y padres en los labios. Para ella no pudo haber significado mucho pero para mi fue el detonante. Luego de ese beso y de saber que ella estaba terminando de cambiarse luego de haber tomado una ducha, fui a su búsqueda sin mediar más palabras me abalancé sobre ella. Al inicio puso una feroz resistencia, pero le rogué que me volvería loco si no lo hacia porque todo el tiempo que estuve en el ejercito no pude tener mas experiencias sexual que solo masturbarme. Luego de un silencio me abrazó, pero yo no estaba para abrazos ni besos, lo que quería era follar y eso es lo que hice. Tenia meses, días y horas aguantadas por desear follarme un coño y culo y la que iba a liberarme de toda esa tensión era ella. Cuando empezamos a hacerlo ella me decía que siempre había deseado este momento, que las noches que pasaba sola en su cuarto preocupada por lo que me podía pasar la tenían angustiada y ahora que estaba ahí en casa, se sentía bien y sobre todo que ahora la convertía en mi mujer. Se excitaba mucho y yo ya quería terminar, pero no fui egoista y se lo di cuando me dijo que ya me venga.

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