Ya había tenido uno que otro encuentro sexual con dos de mis novios, para resumir, nada fuera de lo común, así que me encontraba con la gran curiosidad que a mi edad aún no había sentido el placer que mis amigas me contaban que producía meterse una polla en la boca al hacer una buena mamada. Una noche cuando fui acompañando a mi hermano a la graduación de su amigo, regresamos tan pasados de copas, en realidad no sé cómo es que logramos subir las escaleras a nuestra casa, nuestros padres se encontraban durmiendo y entre tropezones y arrumacos sentía como mis pezones se ponían duros al sentir las manos de mi hermano ayudándome a subir, estaba excitada, el licor en mi cuerpo me hizo reaccionar así, cuando me di cuenta tenia a mi hermano parado frente a mí y yo en cuclillas lista para recibir un pedazo de carne directamente en mi boca. Solo recordé los consejos de mis amigas de cómo engullirme una polla en cuanto la tuviera en frente. Creo que lo hice bien, yo pensé que todo acabaría ahí, pero mi hermano no aguantó, alzo mi pierna y subió mi falda y dejo mi coño depilado a su disposición, me penetró salvajemente. Luego sentí que corría por mi cara algo que nunca había probado, la rica leche tibia de mi hermano salpicaba en todo mi rostro, esa fue la sensación más dulce y excitante que pude sentir.

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