Cada vez que iba a la casa de mi tía era para una sola cosa, follar. Ya se nos había hecho costumbre, lo único que tenía que hacer era llamarme y decirme que necesitaba compañía y yo acudía a su casa, aquel lugar en el que ambos disfrutábamos del sexo incestuoso y del placer carnal prohibido. Ella era hermosa pero no quería saber nada de ningún hombre excepto de mi porque había tenido muchos fracasos. Nunca me juzgó y yo nunca dejé de amarla, ahora que ya no está a mi lado porque vive en otro país luego de que se enteraran lo que pasó entre nosotros, guardo este vídeo y la recuerdo mucho. Algún día la volveré a ver, de eso estoy seguro y reviviremos juntos lo que hacíamos cuando su cuerpo era mío y yo era suyo.

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