Mi madre había invertido mucho tiempo en dedicarse a mi cuidado y mi tranquilidad desde que mi padre nos abandonó y ella prácticamente no había gozado nada de la vida. Ya eran varias veces las que la había descubierto masturbándose a solas en el baño, no se lo había contado y fue cuando me di cuenta que lo que ella necesitaba era un hombre. Yo ya tenía deseos sexuales por una mujer pero no pensé que esas sensaciones de ver a mi madre masturbándose y relacionarlo con mis primeros deseos sexuales de mi juventud me empujarían a proponerle ser mi mujer y yo poder calmar esa sed de polla que tenia desde hace varios años. Fue así como luego de innumerables insinuaciones mutuas y algunas conversaciones entre cortadas llegamos al acuerdo de mantener esto en secreto, ella sabía que para la edad que tenía era muy joven para resignarse a pasar el resto de sus días sin sexo y yo necesitaba experimentar y que mejor que al lado de mi madre. Así empezaron nuestras primeras prácticas incestuosas acompañadas de máscaras y juguetes sexuales que ella acostumbraba a meterse por su coño y culo antes de follar. Hoy lo hacemos con mucho placer y en nuestra casa no hace falta mi padre ya que yo he sabido reemplazar al hombre que debió hacerla su mujer porque ahora soy su hijo y su hombre.

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