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El es un hombre mayor, pero en su juventud tuvo un romance con su empleada y producto de esa relación tuvieron una hija. Al enterarse de esto, su esposa lo echó de casa, sin dinero y sin casa él empezó a trabajar muy duro para tener lo que un día tuvo, una vida tranquila, cómoda y sin preocupaciones. Luego de mucho esfuerzo pudo comprarse una casa y llevar a vivir a su empleada, que ahora era su mujer y empleada a la vez. Nunca la trató como su señora esposa. Vivieron largo tiempo pero por prejuicio y temor la niña nunca supo de su papá, puesto que su mamá no se lo dijo ya que siempre se sintió la empleada y así actuó, es más no le decía amor ni dormía con él. Como no tenía a donde ir, tuvo que aguantar hasta el día de su muerte. Las últimas palabras de su madre para su hija fueron: “quédate con él y sírvele”. Esa promesa ha hecho que ella aún se quede con él hasta el día hoy y le sirve como le dijo su madre. Está como su madre, no tiene adonde ir y el único hogar que conoce es al lado del patrón, quien en realidad es su padre. Pero éste hombre maduro no la ve con ojos de amor, aún sabiendo que es su hija, sangre de su sangre. El la ve como una mujer ardiente, como la hija de la empleada por quien una vez perdió la razón y dejó todo. Ahora le compra ropa muy corta y ajustada para que pueda verle todo. Hoy no se ha resistido y se va a follar a su propia hija, tratando de acallar ese pensamiento que le recuerda constantemente que es su propia hija.

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