Ellos vivían tranquilamente en su hogar, padre e hijo no tuvieron nunca algún problema por el cual discutir hasta que estas dos mujeres sobrinas del tío cachondo y del primo se mudaron para su casa. Desde el inicio se notaba que las chicas eran dos completas zorras pero ninguno de los dos hombres querían faltar el respeto hasta que una de ellas se decidió por abordar al tío canoso y comerle la polla, mientras la otra zorra se llevaba al mirón del hijo a la otra habitación para tomar su polla y mamarla con muchas ganas. No aguanto más y se monto sobre las piernas abiertas sintiendo como esa polla se abría las entrañas de su coño maduro. Aquella noche padre e hijo follaban a su antojo con sus sobrinas y primas respectivamente, una noche cargada de placer, incesto y sobre todo lujuria.

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